domingo, 9 de septiembre de 2018

Atlantico

Unos tímidos rayos de luz comienzan a insinuarse frente a las islas del cabo  Verde en el atlántico...
Es un momento difícil pero a su vez alucinante, difícil, ya que el cansancio muestra sus garras y aleona al sueño para que este te abrace con fuerza, y alucinante ya que el no rendirse tiene su recompensa, aparece el sol..., y al mirarlo desde la altura con todo el horizonte a tus pies, das gracias por estar ahí.

El sueño desaparece, se fue la noche y nació un nuevo día y yo...voy rumbo a Madrid.

Son solo 12 horas en un vuelo directo y con 300 personas a bordo, con los mejores equipos de navegación existentes y lo ultimo en tecnología de diseño.

Pero...para llegar a esto, cuanta aventura, cuanta osadía y cuanta incertidumbre, miles de embarcaciones pequeñas como cascarones de nuez..., motines a bordo, nacimientos y muertes, luego... vuelos temerarios con muchas escalas y siempre con la duda de un arribo seguro.

El glamour de los pasajeros, elegantemente vestidos para la ocasión ya no esta, hoy es otro tiempo, solo caras ansiosas que reflejan la emocion de una primera vez, del inicio de unas esperadas vacaciones, de la antesala de un nuevo negocio... y los mas pequeños, con la inconfundible cara de enfrentar la magia del vuelo.

Hoy volar, es casi un tramite...

Madrid me recibe con hielo, luego lluvia y fuertes movimientos hasta el aterrizaje, pero pasa el tiempo y todo cambia nuevamente, sabanas acogedoras y almohadas soñadas me preparan para disfrutar Madrid...

El día a día es así, de sal y de azúcar, de sombra y de luz...pero al final... esa es la gracia de estar vivos.